jueves, 30 de mayo de 2013

CUANDO LAS PERIFERIAS ARDEN.



MNCARS. Madrid. 29.05.2013 Edif. Nouvell Auditorio 200. 19h.
Laurent Bonelli. "Cuando las periferias arden." Cambio social y revueltas en las banlieu francesas.

El ponente es presentado como politólogo y su charla forma parte de un taller sobre fenómenos sociales que se está desarrollando en el MNCARS. Divide su presentación en tres partes:

La primera parte es el origen y antecedentes de las banlieu, sus habitantes y su clima social. Las banlieu se construyen en los años 50 y 70 del pasado siglo. Son viviendas públicas, de alquiler social, construidas mayoritariamente en torres por su menor coste y son la solución de un gobierno centralista y autoritario al problema del crecimiento de la población (natalidad, inmigración) en las ciudades. En 1950, en  una pequeña población periférica que tenía mil habitantes, se construyen 35 mil viviendas. Las banlieu se distribuyen por toda Francia. Entre 1955 y 1975 se construyen 6 millones de viviendas. Algo único en Europa y posiblemente en el mundo.

Esta política cambia a partir de 1975 en que comienza a favorecerse la compra de vivienda, con lo que los más favorecidos de las banlieu salen de ellas hacia las urbanizaciones. A las banlieu llegan nuevos y más desfavorecidos habitantes. 

Cambia también el modelo industrial, comienzan las deslocalizaciones y aparecen los "intermitentes" (trabajadores en precario y sin contrato fijo). Se suceden las crisis del petróleo y aumenta considerablemente el paro especialmente entre los inmigrantes legales y/o ilegales. Cambian las leyes laborales. Aparecen los contratos precarios. En las banlieu la concentración es de pobreza y no de separación racial. Todo esto influye muy negativamente, sobre todo entre los hijos de los inmigrantes.

Respecto al fenómeno de la violencia, siempre ha habido brotes periódicos de violencia protagonizados por los jóvenes. En los 60 se les llamó "Blusons Noire". Lo que cambia en los 70 y 80 no es la violencia, sino la forma de reprimirla. Si en los periodos anteriores, las fábricas, la inserción en el mercado laboral y los sindicatos, servían para la inserción social y la normalización de los jóvenes rebeldes, para los "intermitentes" no hay integración. Hay una economía paralela basada en el trabajo en negro y el trapicheo con objetos robados o con drogas. En los ochenta entra la heroína en las banlieu y arrasa con una generación. Hoy, uno de cada tres adolescentes fuma hachís.

Todo esto genera una identidad que no es obrera, sino un bricolaje hecho con música (rap), ropa deportiva blanca (Lacoste), el origen familiar y en menor medida la religión ya que no se caracteriza por un radicalismo islamista. Además no hay posibilidad de plantearse un futuro. Si no sabes lo que vas a hacer mañana, es imposible platearte lo que vas a hacer pasado. Es sintomático que una de las canciones que más ha circulado dice literalmente "el mañana está lejos".

Ante esta situación se produce otra diferencia: la de su interpretación política. Antes la delincuencia es asunto de los jueces, pero a partir de los ochenta los políticos deciden intervenir. Miterran, en el poder entonces, plantea políticas urbanas para luchar contra la violencia, el desempleo y la marginación. Pero la violencia no cesa. Y se constata que muchas veces los estallidos violentos vienen detrás de la muerte de un joven en su enfrentamiento/huída con la policía.

Como las medidas adoptadas no tienen rentabilidad política, se decide hacer una política de seguridad. Es el giro de los socialista en los 90. También cambia la apreciación de la responsabilidad: si antes se entendía que la violencia era producto de las condiciones sociales ahora se proclama que la responsabilidad no es social, sino individual. La violencia y los disturbios no son el efecto, sino la causa de la marginación. Se define al delincuente como un "homo económicus" que elige la marginación y la delincuencia tras un cálculo económico. Y para contrarrestarlo se hace otro cálculo económico: se decide encarecer la delincuencia (leyes que convierten las faltas en delitos) y reducir sus beneficios con leyes que sancionan actividades que antes no eran delictivas como la permanencia en los grandes espacios que dan entrada a los edificios, o las pequeñas reyertas en los colegios que son tipificadas como delitos. Se establecen juicios rápidos y se cambian los criterios con los que se juzga. En los 90, el 75% de los delitos de los jóvenes se sancionan con medias sociales. En 2005 sólo el 25% y aumenta exponencialmente el nivel de encarcelamientos hasta llegar al 100x100.000, cuando en los ochenta era de 50x100.000.

Junto al endurecimiento judicial hay un endurecimiento policial. Aunque se sabe y se acepta que la mejor solución policial es la policía de proximidad, la policía de intervención es mucho más barata y con menos agentes se cubre mucho más espacio, pero su actuación genera más y más conflictividad. Se llega incluso al enfrentamiento personal en el que un policía muestra la insignia de su uniforme y dice, comparándola con la marca de Lacoste, tu Lacoste yo policía, entrando un reto de virilidad, fuerza física, ... En las banlieu se producen tensiones y enfrentamientos todos los días y hasta tres y cuatro veces por día. Incluso la policía reconoce que en una tercera parte de los inicios de los disturbios la policía está involucrada. Ante esto el conferenciante se pregunta ¿Por qué las banlieu no arden más?

Algunos datos de esta violencia: entre Noviembre y Diciembre de 2005 se quemaron 1.000 coches. Hoy hay una media de 110 coches por noche. Es una práctica habitual junto a la quema de los contenedores de basura. Es fácil y siempre hay coches y contenedores a mano. Históricamente, cada grupo identitario ha generado sus propios repertorios de acción: los obreros las huelgas y las manifestaciones, los intelectuales el manifiesto, en las banlieu las quemas. Parece que es el único modo de hacerse oír. El problema que se presenta aquí es la falta de voz. Los niveles de abstención en las elecciones son superiores al 70%, a lo que hay que sumarle entre un 20 y un 30 más de población ilegal o no inscritos.

Hay política en estos barrios, pero no consiguen representatividad ni voz pública. Son "hablados y no hablantes". Es decir, su repertorio de acciones son los disturbios y las quemas, pero luego dependen de lo que los demás digan de ellos: periodistas, políticos, sociólogos, ... Y tampoco se produce una creación de subjetividad. Todo queda en el aire y a expensas de la reacción de la parte más conservadora de la sociedad que, por supuesto, es aumentar la represión.

Durante la revolución industrial hubo un gran nivel de disturbios, incluso mayor que ahora, pero se entendió que había una relación directa entre estabilidad laboral y estabilidad social y los patrones aseguraron puestos de trabajo e incluso construyeron colonias de viviendas sociales para sus trabajadores. Hoy, la precarización del trabajo lleva a la precarización de la paz social.

Max Weber descubrió que la autoridad que se acepta es la que establece contrapartes. Se acepta al patrón porque asegura el trabajo y lo paga. Hoy, ¿qué hacer? Volver a la reconstrucción de las solidaridades colectivas como en los orígenes del movimiento obrero porque seguridad ciudadana y seguridad existencial son recíprocas.


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